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miércoles, 5 de octubre de 2016

El placer para los ojos

Pucallpa desde  el aire
(especial El Comercio.pe)

Las maravillas de nuestro país no dejan de sorprender  a los  visitantes, cada rincón de nuestra  amazonía siempre  tiene  mucho que  mostrar al turista.

En esta  ocasión compartimos un artículo publicado en el diario El Comercio, que promete ser  una alternativa  más  para  el turismo  peruano.

Haz tus planes y prepárate para viajar  por  esta  ruta llena  de ensueños.

¿Sabías que es posible volar la selva en avioneta? En la calurosa ciudad de Pucallpa, en Ucayali, acaban de estrenar ‘el vuelo de las águilas’, un tour que surca los cielos y te lleva a ver el Parque Nacional Sierra del Divisor desde otro ángulo.


Un manto verde impenetrable nos impide divisar un ápice de tierra. A poco más de mil quinientos metros de altura, Sierra del Divisor se ve como una nube esponjosa en tono verdusco. Una sábana boscosa interminable de la que emerge una montaña repleta de vegetación. “Como si se tratara de un Apu andino”, nos dice nuestro guía Arturo Reátegui. Pero no puede ser, estamos en plena Amazonía peruana y lo que tenemos al frente es el cerro El Cono, símbolo de la única cadena montañosa en nuestra selva que el año pasado fue nombrada Parque Nacional para conservar mejor la gran biodiversidad que alberga en sus 1’300.000 hectáreas.
Después del clímax y como si se tratara de otro tomo del libro, las huellas de la deforestación, de la tala ilegal y de la minería informal nos dejan sin palabras. Atónita por las carreteras hechas por los mineros y que cruzan la espesura, pienso que ni el circuito turístico más innovador puede ocultar esta dolorosa realidad. Pero al instante, y casi sin darme cuenta, he vuelto a perderme en las increíbles panorámicas de esta imborrable experiencia.
Excursión paso a paso
El punto de partida de este novedoso circuito es el aeropuerto de Pucallpa. Para embarcar se sigue el mismo procedimiento de un vuelo convencional: debes presentar tu DNI en el counter, pasar por los controles de seguridad y abordar.

Tras el despegue te encuentras con una panorámica de la selva de cemento, las construcciones que con cierto desorden han ocupado el centro y los alrededores de esta tierra calurosa.

Poco después vuelas sobre la laguna Yarinacocha, las sinuosas curvas del río Ucayali (conocido como el padre del Amazonas) y su joya mejor guardada: el Parque Nacional Sierra del Divisor, la cuarta cadena montañosa del Perú y la única en la Amazonía.

Te aseguro que esta es la forma más rápida y simple de conocer este lugar. No tienes que navegar por largas horas, ni caminar por la selva, ni siquiera hay riesgo de que te piquen los mosquitos. Además, solo desde el cielo se puede ver el emblemático cerro El Cono, que domina la llanura de la selva.

Cualquiera puede hacerlo. Basta con tener más de 8 años y contar con tiempo libre entre las 10 de la mañana y el mediodía, que es el momento con mejor visibilidad. La empresa Amazon World ofrece planes de 30 y 60 minutos. Si reúnes a 4 personas, cada una paga US$ 150 por una travesía de media hora o US$ 194 por una hora de vuelo a bordo de una avioneta de cuatro pasajeros. Los precios incluyen los traslados de tu hospedaje al aeropuerto y el guiado.
Seguramente, si volaste sobre las Líneas de Nazca o te lo contaron, te estás preguntando si saldrás invadido de náuseas y mareos. Debo confesar que aunque subí con ese temor, solo sentí un ligero vértigo luego de 40 minutos de viaje y lo solucioné quedándome quieta por unos instantes.

martes, 30 de agosto de 2016

EL PAISAJE CAJAMARQUINO EN SU ESPLENDOR

Un recorrido por los verdes campos

No hay mucho que recorrer  para  encontrar bellos paisajes cajamarquinos, pues  están al paso, solo se necesita ganas para aventurarse y pasar  momentos  inolvidables por  estas  tierras que alguna  vez formaron parte  de una extendida hacienda  que se dedicó a la agricultura  y la  ganadería.

Un hermosa atardecer en el caserío La Colpa Foto: Moisés Sangay

Un niño campesino hace volar su cometa Foto: Moisés Sangay
Salimos en una tarde que el viento soplaba  tan fuerte que algunos niños se habían animado en hacer sus cometas, un juguete hecho con material reciclable que tiene la forma de serpiente.

Con sus anchas sonrisas  nos cuentan que esa  tarde  es la más bonita de todas, que antes  no había  como el viento de hoy, entre el canto de las  aves y el soplo del viento corres por los pastos tan extensos  que parecen no tener  fin.



Es que aquí parece que la tarde hace  una pausa y deja  que los niños se diviertan con el viento de la naturaleza, no hay prisa por terminar de jugar, solo cuenta  la alegría que  cada uno le pone.

Esa  es la tierra cajamarquina, cuna de grandes personajes como: José Sabogal, Andres Zevallos, José Gálvez, entre  otros, aquí el Perú tuvo uno de los primeros colegios secundarios del país, el glorioso San Ramón.

Las garzas vuelven sus nidos. Foto: Moisés Sangay

En esta tierra, la naturaleza sembró de todo, retamas, sauces, eucaliptos, molles, aves de diversas especies que muchas han emigrado para albergarse en este bello paisaje, el caserío de La Colpa.

Mientras jugamos a hacer volar la cometa, sobre nuestras  cabezas, muy arriba, cruzan unas  hermosas aves, son garzas - grita un niño - tómalo fotos - vuelve a gritar, simplemente  estas especies vuelven a la ciudad para adormitar en sus nidos, en donde les espera  sus pichones inquietos y escurridizos.

La ciudad no está muy alejada de este verde caserío, solo a 10 minutos  en auto, un tiempo que un hombre lo haría en media  hora trotando.
El sol se despide de nosotros. Foto: Moisés Sangay.

La tarde cajamarquina  sigue  avanzando, esta belleza  salta  a nuestros  ojos, un hermoso color  que solo los aventureros  pueden por  estas lindas  tierras, la luz  del solo pareciera despedirse  de nosotros e invitándonos  a volver otra  vez.

Es un escenario espectacular para los amantes de la fotografía, aquí el fotógrafo encuentra el espacio perfecto para poner  a prueba  su talento.

Gallinazos en reposo. Foto: Moisés Sangay

Es una maravilla poder verlas  en sus posiciones, tan quietos que parecen pegados a las  ramas de los árboles, se limpian el pico, se despluman, esconden la cabeza y a veces  juegan entre ellos; aunque con su  aspecto poco amigable, verlos de cerca  sobre los árboles no es cosa de todos  los días.

Gracias  a su trabajo, las carroñas del campo no permanecen mucho tiempo, los campesinos  de la Colpa los cuidan como a dioses, dicen ellos que  gracias al gallinazo alguna vez se pudo limpiar el campo cuando decenas de animales habían muerto producto de una terrible  peste.
Adornan los árboles maravillosamente. Foto: Moisés Sangay.

Esto es Cajamarca, un lugar lleno de encantos, aquí no existe  el aburrimiento, quienes la visitan se rejuvenecen y confortan su espíritu con las energías campesinas.

Aún no te animas a visitarla, no lo pienses más arma  tus  planes, La Colpa está a pocos  minutos  del centro de la ciudad, hay muchas agencias de turismo que le pueden hacer un tours, pero nada  mejor que  visitar por  su propia  cuenta.

Allá nos vemos paisano, en cajamarquita.